Desde taurinas, de las flores y el mar, hasta de negros y blancos y joropo, las fiestas en el país van más allá de ser simples expresiones populares. Hoy en día estas celebraciones son parte de la tradición y representan la colombianidad, que no es otra cosa que el jolgorio, la pólvora, la música, las comparsas y la bebida.
Para conocedores del tema, a pesar de que cada una de las festividades tiene una región en la que se realiza, estas son el resultado de una mezcla cultural. Para Juan Pablo Quintero, antropólogo de la Universidad de Los Andes, hoy se puede ver que las fiestas son el resultado del contacto de diferentes tradiciones desde la época prehispánica hasta la actualidad.
“En muchas de las fiestas que vemos como el Carnaval de Negros y Blancos se hacen presentes elementos indígenas, de la época de la conquista, de la colonia y naturalmente modernos. Esta mezcla de elementos es evidente incluso en fiestas que son aparentemente indígenas como el Baile de las Moscas o el Baile de las Chinas y el Mohán en el resguardo de Natagaima en Tolima, donde el intercambio cultural se hace presente en los vestuarios y en todo el lenguaje simbólico”, explicó.
Como todos los aspectos de la cultura, las fiestas se dinamizan adoptando nuevos símbolos, cambios que con el paso del tiempo las personas tratan de hacerlos propios. Es así como a pesar de la influencia de la publicidad y de las industrias culturales, por ejemplo, en el Carnaval de Barranquilla, la gente sigue asistiendo y viviendo la celebración.
“Es normal oír en cada fiesta tradicional colombiana que antes era diferente, que antes era mejor, pero esa frase es una constante, justamente por el dinamismo de la cultura que nunca permanece igual. No se fortalece con el tiempo, cambia de rumbo y de significado”, agregó Quintero.
Un modelo de negocio
Pero más allá de esa transformación constante de las celebraciones culturales, este es un sector que le apuesta a ser sostenible en el tiempo, principalmente desde el punto de vista económico y de generación de empleo.
Hoy en Colombia se está creando una tendencia dirigida a convertir las fiestas, ferias y carnavales en motores no solo de la cultura sino de ingresos para las comunidades. En ese sentido, Eliyahu Eduardo Muñoz, presidente de la Fundación Organización Carnaval Nacional de Carnavales, explicó que la meta es transformar las festividades en prácticas que no le generen gastos a las poblaciones, sino por el contrario, sean autosostenibles y se vuelvan un motor de la economía.
“En el país se hacen más de 3.000 encuentros al año, los cuales actualmente se traducen en puestos de trabajo que no son permanentes. Ante esa problemática, si se ejecuta el programa que venimos desarrollando hace cinco años esa situación se puede cambiar”, dijo el directivo. Agregó que con el apoyo del sector privado y las instituciones se pueden crear nuevas empresas para el sector, lo que además ayudará a conservar las celebraciones.
Este tipo de iniciativas son la salida a problemas que a pesar de que no son tan evidentes en las comunidades, son importantes de solucionar. La idea es no permitir que por cuenta de la crisis económica se recorten los presupuestos de las entidades encargadas de promover la cultura.